El curso

Un montón de textos no dice nada por sí solo. Hay que contarlo, y contar es una decisión: qué cuenta como palabra, qué se tira, qué se compara contra qué. Este curso hace seis de esas cuentas delante de ustedes, una por lección, sobre un mismo estante de doscientos resúmenes científicos que se junta una sola vez en la primera lección y se reutiliza en las cinco que siguen. La primera dibuja una nube de palabras en dos minutos y les entrega el gusto de ver algo. La segunda deshace esa misma nube y la vuelve a hacer con honestidad, y esa corrección es la lección entera, porque la imagen bonita y la imagen honesta no son la misma. De ahí en adelante cada lección añade un peldaño: pares de palabras en lugar de palabras sueltas, dos montones puestos frente a frente, una sola palabra seguida a lo largo del tiempo, y al final el montón medido por su tono. Cada gráfica llega con un renglón en pantalla que dice lo que esa imagen no puede decirles, y al terminar esos seis renglones forman un tablero que es el verdadero resultado de haber tomado el curso. Nada de lo que van a contar aquí prueba una causa: un conteo dice qué se repitió, no por qué; una comparación dice en qué se distinguen dos montones, no cuál tiene razón. Ese límite se dice en voz alta en cada lección, porque es donde casi todo el análisis de texto se rompe en público.

Curriculum

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¿Quieren aprender esto de quien les vende la gráfica?

La mayoría de las herramientas que dibujan una nube de palabras o miden un sentimiento les entregan la imagen y se quedan callados sobre lo que la imagen no soporta. Su negocio triunfa cuando ustedes la comparten. Este curso triunfa cuando ustedes pueden leer una gráfica y decir qué le falta, incluso cuando la hicieron ustedes mismos, que es la lección que ninguna herramienta puede darse el lujo de enseñar. Aquí no hay una plataforma detrás de la cortina: todo corre en cuadernos de Python que se llevan, con el código a la vista y la lista de palabras vacías nombrada renglón por renglón, porque es ahí donde se decide qué cuenta.

Diego Bonilla, Ph.D.

Profesor titular de Comunicación Yo empecé en el internet en español antes de que hubiera qué vender en él: una revista literaria en línea, la tercera empresa de internet de México, el primer libro de mercadotecnia en internet escrito en nuestro idioma. Luego me fui a estudiar el otro lado de la pantalla, y el trabajo que hago desde entonces ha cambiado de nombre cuatro veces: alfabetización informática, alfabetización informacional, alfabetización digital, y ahora alfabetización en IA. En 2003 mi doctorado en Syracuse midió lo que una máquina puede inferir de una persona por los rastros que deja, y lo que encontré me llevó a crear un curso universitario de privacidad que sigo enseñando veinte años después. En 2007 y 2009 serví en el comité de ETS en Princeton que fijó el estándar nacional de alfabetización digital, y del 2014 al 2016 fui el embajador de alfabetización digital del sistema de universidades estatales de California. Cuatro nombres, un solo oficio: que la máquina más nueva no los agarre desarmados. También he trabajado del otro lado del mostrador. Desde el año 2000 hago cine que una máquina arma, distinto para cada espectador; la primera de esas películas ganó el primer premio en el Festival Internacional de Cine de Moscú, dos décadas antes de que la industria vendiera un modelo generativo. Big Data, un poema en video generativo hecho con el poeta Rodolfo Mata de la UNAM, quedó en la antología definitiva del campo y se expuso en Sacramento y en Estambul, y en 2025 mi trabajo en realidad virtual ganó un premio en un festival de cine de IA. Como investigador, mi trabajo reciente publicado es sobre IA y elecciones, y sobre cómo estos modelos representan a las culturas latinoamericanas, que es exactamente la pregunta que esta región tiene que hacerle a una tecnología entrenada en otra parte. Hoy doy clase de posgrado en la UNAM, y las máquinas que este curso explica corren a diario bajo mis manos: ellas hicieron las imágenes y las voces que van a ver adentro. Los vendedores llevan dos años enseñando alfabetización en IA, porque antes no había nada que vender. No estoy en contra de ellos. Simplemente no soy uno de ellos, y esa es la diferencia que ustedes están comprando. Este curso no está traducido: lo escribí en español, para la región, porque así empecé y a esto vuelvo. Doctorado, Syracuse University · Profesor titular, Sacramento State · Profesor de posgrado, UNAM · Comité iSkills de ETS, Princeton, 2007 y 2009 · Embajador de alfabetización digital, CSU, 2014-2016 · Big Data en la Electronic Literature Collection, expuesto en Estambul · Investigación publicada sobre la representación de culturas latinoamericanas con IA

Cuentas claras

Un curso que enseña a desconfiar de las gráficas debe aguantar que le revisen las suyas. Todas las cifras que se ven en pantalla salieron de la corrida que están viendo, no de una corrida anterior ni de un ejemplo: el mismo estante, la misma consulta, el mismo día. El estante se junta una sola vez y se reutiliza en las seis lecciones, porque un montón juntado dos veces son dos montones y un número que cambia entre ellos no es un hallazgo, es la fecha. En la primera lección aposté en voz alta qué palabra iba a dominar la nube, y perdí delante de ustedes: la palabra más grande fue la consulta misma. Eso se quedó en la lección. Y cada lección cierra con un cuaderno que corre, la instrucción escrita en palabras para pedirle la técnica a una IA, y el estante mismo en un archivo, para que la próxima gráfica sea la de ustedes y no la mía.

Las seis lecciones, y el tablero de letra chica al final.

Seis maneras de mirar un montón de textos, cada una con la gráfica que produce y con lo que esa gráfica no puede mostrarles.

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